A “Julio Libélula”, como le conocían un buen puñado de amigos:

“Su voz da origen a todo movimiento (…)Tiene sangre de heraldo en la garganta y una brisa de dios que le  arremolina por dentro la cabeza (…)

Gran hacedor, hijo bastardo de deidades errantes, creador de céfiros que invitan al aplauso o a la risa, el jefe de pista nos dibuja el mundo con fonemas de mil lenguas que se mezclan (…) Es su lengua una trenza donde se mezclan jergas, jerigonzas y cabriolas”.

(de, “El jefe de pista”, en “Bestiario del Circo” de Pepe Viyuela)

 

Nuestro jefe de pista, que supo ir y venir y llenar el mundo de palabras literarias. Que llevó a muchos niños, adolescentes y gentes de toda edad y condición a los más altos pilares del arte de la palabra, desde las voces más ancestrales de la literatura de tradición oral, hasta los versos más vibrantes de poetas universales.

Amigo Julio, antes de que tus últimos átomos y moléculas terminen de enfriarse para volver al cosmos del que te trajeron, antes de que seas recuerdo puro, queremos decirte que aquí mantendremos esa lágrima de volcán contenida, que nos recuerde tu genialidad y el cariño con el que nos has tratado a los amantes del Arte, la Literatura y el Divertimento.

                      Contigo siempre, Pizpirigaña.