En el cuarto encuentro seguimos compartiendo, escuchando y disfrutando.

El libro que está abierto encima de la mesa es el ARENQUE ROJO, nos invita a mirar, observar y pararnos en personajes desconocidos con los que se van tejiendo historias. Cada uno tiene la suya, lo que nos acerca a la imaginación y la diferencia.

Cerca de nosotros hay tantas historias, tantas como observadores, pero,

¿las vemos?. Todo depende de tu mirada.

Un libro que te lleva a mirar despacio ilustraciones llenas de pequeños detalles y muy limpias.

Andersen nos ofrece LOS ZAPATOS ROJOS, un título inocente con pinceladas de coquetería, desobediencia, obsesión por lo material y con un final cruel. Nos lleva

por la vida, la pasión y la muerte.

Tiene notas autobiográficas: infancia marcada por la pobreza, padre zapatero. . .

La relación del ser humanos con su otro yo nos acerca a la SOMBRA. El juego con su sombra, la pierde, la busca, juega con ella y se crea una nueva relación entre los dos, nunca imaginada, hasta conquistar la identidad total del personaje.

Nuestro paisaje a veces es más interior que físico y cada uno nos situamos en nuestro universo, con cada olor, emoción, sensación...

UNA VACA, DOS NIÑOS Y TRESCIENTOS RUISEÑORES.

Vicente Huidobro y su familia viajan a Europa con una vaca. Su país se le hacía muy alargado y demasiado estrecho.

A Vicente Huidobro le gustaba hacer las cosas a lo grande y decide que les acompañe la vaca Jacinta, sus hijos están acostumbrados a su leche (“el ser humano es un animal de costumbres “). El Capitán dice que nunca ha ocurrido nada igual a lo que Huidobro responde: “Pues ya va siendo hora. El futuro es de los innovadores. “

Los ruiseñores se incorporan al viaje, su cantar toca el corazón. Pretenden construir un mundo mejor, lo más pequeño (el canto de los pájaros) puede cambiar las cosas.

Sus hijos escriben un diario con lo que ocurre cada día (el empeño, la esperanza, la ilusión…) mientras su padre está encerrado escribiendo ( la creación literaria y sus sinsabores, comprensión de lo ajeno).

Al final los ruiseñores mueren y los niños se sienten fracasados (solo fracasan los que lo intentan, el fracaso como oportunidad).

Como dice nuestro poeta Juan Carlos Mestre “las estrellas para quien las trabaja”. En eso consiste la poesía, en perseguir un destello, en caer y en volver a intentarlo.

Nicanor Parra dice: Ahora más que nunca el poeta se hace VIDENTE, VICENTE, VIGENTE.

 

Concha Robledillo Martín. Marzo de 2013